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sábado, 11 de junio de 2011



Somos responsables de 
lo que sucede en el mundo."
Entrevista al P. Jesús Madrid Soriano (Teléfono de la Esperanza)

El P. Jesús Madrid Soriano, psicólogo, experto en programas de formación de agentes de ayuda, experto en programas de promoción de la salud emocional y técnicas de relación de ayuda, es el presidente de la Asociación Internacional del 
Teléfono de la Esperanza.
-¿Cómo surge el Teléfono de la Esperanza?

-Surgió en España, en 1971, el fundador fue mi hermano mayor, Serafín Madrid, que era hermano de San Juan de Dios. 
Él había estado aquí, en Latinoamérica, haciendo muchas obras sociales. 
Tuvo contacto con el sufrimiento de las personas y se dio cuenta de que, junto al dolor físico, existe el dolor espiritual, de sufrimiento, de soledad. 
Por la necesidad de que estas personas fueran escuchadas, atendidas, comprendidas, comenzó a pensar en un medio adecuado para ayudar. 
Así es como, en Sevilla, creó la Ciudad San Juan de Dios, una obra centrada principalmente en la atención de niños, personas con deficiencias para andar y sordomudos. 
Mi hermano falleció, once meses después, en un accidente de tránsito, y, desde entonces, la obra ha adquirido un desarrollo considerable. 
En España, cuenta con 25 centros, se ha extendido hacia once países latinoamericanos, cuatro en Europa y Estados Unidos.
-¿Cuál es la importancia de la salud emocional?
-Lo que más contribuye a sentirse bien, felices, contentos, a ver un sentido a la propia vida, es el tener, gozar, de una buena salud emocional. 
La salud física es, sin duda, muy importante, pero, si no hay una buena salud emocional, vamos a ser extremadamente desgraciados. 
Si yo tengo salud emocional, aunque padezca dificultades físicas, puedo soportarlas adecuadamente. 
Sin embargo, sin salud emocional, seré desdichado, y las personas de mi entorno posiblemente también, porque no se va a dar esa comunicación, esa integración, esa comprensión mutua que resulta imprescindible para sentirme bien y para que las personas también se sientan bien.
-¿Cuál es la diferencia entre salud mental y salud emocional?
-En el fondo, significan lo mismo. La Organización Mundial de la Salud prefiere decir salud mental, pero nosotros comprobamos que ese concepto de salud mental está muy contaminado y crea prejuicios. 
Para las personas, asistir a un centro de salud mental implica estar mal de la cabeza, loco o que falta poco para ello. 
Esto hace que las personas no pidan ayuda, mientras que, si se dice salud emocional, solicitan más fácilmente atención.
-¿Qué hace la OMS en relación con lo que ellos llaman salud mental?
-Es triste que cuando la OMS recomienda a los Estados que cuiden la salud mental, los motivos que se aducen son meramente económicos, que, de ese modo, no pueden rendir tanto en el trabajo, que se gasta en medicinas. 
Es lamentable que no exista una mentalidad un poco más integral de la persona.
-¿Por qué ocurre eso?
-Tal vez, porque se puede medir menos, se puede contar menos, si no hay trabajo, se puede hacer una manifestación, paran los obreros, los sindicatos, salen en los periódicos, pero si una persona quiere superar una falta de sentido existencial, una depresión, no se puede hacer una manifestación. 
Se requiere una mayor sensibilidad, mayor fineza de espíritu, para captar estas necesidades y no quedarse solamente en lo más visible, en lo que socialmente vende más.
-En todos estos años del Teléfono de la Esperanza, ¿qué cambios notó en las personas?
-Fundamentalmente es lo mismo, pero los aspectos esenciales tienen matices diferentes. 
Se nota actualmente mayor sensibilidad a la soledad, la familia se va disgregando cada vez más, hay más depresión, adicciones. 
La violencia familiar no ha aumentado, sino que se ha tomado conciencia de ella, antes se entendía que era un mal que había que soportar, que el destino de la mujer era sufrir, hoy se solicita ayuda. 
El conflicto con los hijos también se ha incrementado, la ausencia de los padres, los hijos no sienten tanto el calor de la familia, y eso origina problemas.
-En una de sus charlas, habló de activar lo bloqueado, ¿cómo es eso?
La medicina preventiva en lo físico todavía es más teórica que real. Los Estados invierten muy poco, y eso que, en lo físico, ya es llamativo, cuando se trata de lo psicológico todavía es mucho más alarmante. 
Como afirma Seligman, lo que ha trabajado la psicología son las deficiencias, que si uno es desgraciado, lo sea un poco menos, pero habría que fomentar lo positivo, potenciar nuestras capacidades, porque esto es lo que desarrolla nuestro bienestar emocional. 
Al mismo tiempo, para estar mejor, es necesario comprometerse en hacer que otras personas estén también mejor, esa es una dimensión indispensable para que nos sintamos bien, una persona egoísta no puede ser feliz.
-¿El altruismo es un signo de buena salud?
-Cuando es auténtico y no para compensar o buscar cariño o sentirme necesario, que son motivaciones enfermizas. 
Un sentido adecuado de solidaridad, de pensar en mí y en el otro, de que trabajando por el bienestar del otro yo me siento mejor, y comparto mi felicidad con las personas que me rodean, es un indicador para medir la salud emocional.
-¿Eso se aprende?
-Es sumamente importante la educación, las personas nacemos como una pizarra en blanco. La integración con las personas de nuestro entorno, especialmente con la familia, son las experiencias primarias que más nos marcan y nos condicionan. 
Si ha habido déficit ahí, entonces, debemos tomar conciencia de ello y buscar los remedios apropiados para subsanar esas deficiencias. 
Muchos de los programas que desarrollamos con el Teléfono van encaminados hacia eliminar esas deficiencias y potenciar las cualidades positivas que tenemos.
¿Cómo se puede hacer para ser mejor para uno y para el otro en lo cotidiano?
-Depende mucho del ámbito en que uno se desarrolla. 
Primero es primordial que yo le dé un sentido a mi vida, esto que tanto acentuó Viktor Frankl. 
Por otra parte, saber valorar a los demás y valorarse uno a sí mismo. 
Las formas de amar son muy variadas, y hay que adaptarse tanto a la persona que da como a la que recibe, a todos nos agrada que nos quieran, pero todas las personas necesitan lo mismo. 
En el trabajo, se puede responder, con afecto, a los compañeros o se puede hablar de un modo imperativo, agresivo, que crea un malestar; y la propia persona que habla así indica que no está bien. 
Tenemos que aceptar nuestras limitaciones y las de los otros. Cuando no acepto mis limitaciones o intento negarlas, muy fácilmente, me va a ocurrir lo mismo con respecto a los demás.
También en la charla dijo que esto es contagioso.
Realmente, nuestro cerebro siempre está conectado con las personas de nuestro entorno, cuando activamos un centro de nuestro cerebro, por ejemplo, el afecto, suscitamos, en la otra persona, también el afecto, por el contrario, cuando activamos la agresividad, provocaremos, en los demás, también agresividad. Vamos sembrando, en nuestro entorno, aquello que nosotros llevamos. 
Esta influencia es mayor cuanto más intensa es la vinculación con la otra persona.
-¿Cómo se defiende uno de las influencias negativas, para no contagiarse?
-El trabajo es previo, cuanto más yo me sienta dueño de mí mismo, permito menos que los otros se adueñen de mí. 
Si no soy dueño de mí, concedo a los demás un poder para que me amarguen la vida, si soy dueño de mí, el otro no me contamina tanto, No me va a agradar, pero no me va a afectar tanto, además, voy a ejercer el poder de analizar si en algo me he comportado inadecuadamente, puedo razonarlo, explicarlo y distanciarme de esas situaciones que me perjudican.
-¿Algo que quiera agregar?
-Algo básico, en la filosofía del teléfono, es que no podemos ser felices, si no pensamos en los demás. 
Todos tenemos cosas que otros necesitan, por lo tanto, nuestras obligación es darlas. 
Al mismo tiempo, todos tenemos deficiencias y limitaciones, y gozamos del derecho a solicitar la ayuda de los demás. 
Así, todos podemos contribuir a la sociedad, no podemos esperar que el Estado, los políticos lo resuelvan, sino que cada uno de nosotros podemos hacer algo. 
En el Teléfono de la Esperanza, partimos de que todos somos responsables de lo que sucede en el mundo. 
Yo no puedo resolver lo que sucede en Corea del Norte, pero puedo hacer algo hoy, aquí, en las circunstancias que se me presentan. Muchas veces, por pensar en las cosas que no tienen solución, dejamos de comprometernos en las cosas que sí podemos resolver.

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