Buendianoticia 3.blogspot.com

sábado, 7 de abril de 2012

Dr. Juan Carlo Amatucci.

Miles de peregrinos en Roma.

 7 de abril, 2012. 

(Romereports.com)

También este año, miles de peregrinos han viajado hasta Roma para participar en las ceremonias de Semana Santa.Durante estos días, la Ciudad Eterna dobla el número de peregrinos que normalmente la visitan con motivo de las fiestas que recuerdan la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.
El Domingo de Ramos, en una plaza de San Pedro decorada especialmente para la celebración, Benedicto XVI conmemoró con miles de jóvenes la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.
El lunes, el Papa recibió en el aula Pablo VI a unos 3.000 jóvenes españoles que participaron en la JMJ de Madrid 2011. Habían venido a Roma para devolverle la visita. El Papa les agradeció la acogida y recordó el solemne Vía Crucis que se celebró en Madrid durante aquellos días.
Muchos de los peregrinos, aprovecharon estos días para recorrer algunos lugares de Roma que la tradición relaciona con la Pasión de Jesús. Por ejemplo, la famosa Scala Santa, que muchos suben de rodillas para recordar los trayectos que hizo Jesús durante el proceso.
También, la basílica de Santa Croce in Jerusalén, donde la tradición popular venera algunas posibles reliquias de la pasión como la tablilla con la causa de la condena, espinas de una planta muy similar a la que se usó para hacer la corona de Jesús, o clavos usados durante la crucifixión.
No se sabe si se trata de auténticas reliquias. Pero sí, que siguen ayudando a muchos peregrinos a recordar la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. 

Espiritualidad.

 ¿Vale la pena la cruz?

Autor: Germán Díaz 
Religioso Salesiano. Lic. en Comunicación Social
Enviado por San Pablo Newsletter 
No está de moda el sufrimiento, si hasta las religiones que se dicen cristianas predican el “pare de sufrir”. 
Entonces, ¿de qué vale el sufrimiento nada más y nada menos que del Hijo de Dios?
Mirar la cruz y pensar: 
¿No será que Dios se equivocó al armar un escenario de muerte y encima con su propio Hijo? 
¿Qué nos quiere decir Dios con el misterioso desenlace de la crucifixión de su Hijo amado? 
¡Acaso no se citan tantas veces versículos con un: 
Este es mi Hijo muy querido! (Mt 3,17) 
¡Este es mi Hijo muy querido! 
Su propio Padre permite la cruz y lo redime, pero primero la pasión, el sacrificio, el suplicio, la abnegación... 
Cada año meditamos esto, y cada año tiene un mensaje nuevo para nosotros. 
¿Cuál? 
La respuesta está en nuestro silencio y contemplación.
Vivimos en un mundo y en un país donde las madres y padres matan a sus propios hijos. 

La maldad, el egoísmo, la desesperación, los proyectos individualistas acreditan y promueven el asesinato de inocentes. 
Dios lo ve y lo sigue permitiendo... 
Hay madres y padres del dolor que sufren y luchan por y con la muerte de sus hijos. 
Muchos otros monumentos vivos de “La Piedad” sufren el peor dolor, quizás.
¿Dónde está el mensaje de la muerte?
No existe una respuesta única, una explicación cómoda, lineal y razonable para todos. 
Hay una respuesta personal. 
En el Viernes Santo, Jesús responde a nuestro dolor, a nuestra lucha. 
Hay un dolor que permite y por el cual vamos a la luz. La cruz hoy pasó de moda, pero su sentido permanece. Algunos hasta quieren que desaparezcan estos íconos cristianos en los edificios públicos. 
Jesús sigue siendo actual, y el Viernes Santo aún trasmite un mensaje para cada uno de nosotros, por más que científicos mediáticos y oportunistas realicen negocios con las dudas históricas sobre los hechos reales de la Biblia. 
Hoy seguimos crucificando a nuestros hermanos, claro que no tan sanguinariamente. 
Lo hacemos de una manera mucho más sutil. 
Hoy ciertos derechos humanos brindan prestigio a quienes los promueven. 
Nuestra crucifixión contiene mucho de Pilatos, la culpa es de los otros. 
A nuestra sociedad le falta autorresponsabilidad.
Nadie quiere cargar con la cruz. 
Somos las “lloronas” de Jerusalén (Lc 23, 27), muy sentimentales, muy de la lágrima fácil, pero no nos atrevemos a llevar la cruz a cuesta, ni a desafiar a los soldados romanos para limpiar el rostro de Jesús.
Este Viernes Santo tiene algo para decirnos, algo fuerte, algo nuevo. 

Un mensaje que quiere mover nuestro corazón y estampar en nuestro ser el verdadero mensaje del amor.
Somos de Cristo, y él está en la cruz, aunque haya resucitado, porque continúa en la cruz del hermano que sufre.
¿Qué sentido tiene la cruz en este mundo que esconde el dolor? 

¿De qué sirve seguir a Cristo si el reino de este mundo es de los exitosos, de los ídolos, de las estrellas “pop”? 
La cruz nos habla de olvido, de muerte, de fracaso. Amamos a los exitosos, a los grandes del escenario y las luces. 
No queremos en realidad un Dios de la exigencia, queremos un Dios acomodado a nuestra moda, a la tendencia, “aggiornado” a la vida de hoy. 
Queremos un Dios para el aborto, una Iglesia para el matrimonio igualitario, una ética sin frenos, una responsabilidad etérea, una moral sin límites, una religión oficialista y acrítica. Queremos un Dios de supermercado, que se ajuste a la demanda, que supere nuestros "casting" y sepa ser neutral. 
Queremos un Dios a medida, que no discrimine, que suene bien, que permita “mis deseos”, que adorne cualquier ideología. 
Queremos un Dios rey del pop, ni hombre, ni mujer, ni bueno, ni malo, ni excedido, ni malhumorado.
Un Dios que se ajuste a nuestro “target”, pero no demasiado, por si pasa rápido de moda.
No se quiere el Dios de la cruz y el calvario. 

No nos gusta que acepte la condena. 
Se quiere un final de película donde todos los que hicieron daño paguen sus culpas. 
Que se demuestre la culpabilidad de los malos, que no haya ni olvido, ni perdón.
Se quiere un Dios que condene al malo y se acomode al tibio. 

Un Dios de Viernes Santo no tiene “rating”. 
Gusta demasiado el “polirrubro” de tiempo ordinario. 
Se prefiere un resucitado sin sangre, sin heridas a los costados. 
Tiene éxito ese Cristo de peinado al viento y barba rebajada. 
Simpático y estilizado. 
Nada de Viernes Santo, nada bizarro. 
Nos gusta el Dios de la Pascua, el que regala un conejo o sorpresas inútiles de un huevo “bajas calorías” y sin “grasas trans”. Nos gusta la Pascua sin historia, la vida sin muerte, la alegría de refresco batido con hielo y limón. 
Nos gusta la Pascua vacía sin sacrificios, sin esfuerzo, rápido y fácil. 
No queremos el sufrimiento, queremos todo indoloro con anestesia y una semana santa de “spa”.

Dr. Juan Carlo Amatucci.

Bioética.

Mons Lozano,

"Vamos por la vida."

El presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, Mons. Jorge Lozano, sostuvo que “una de las deudas sociales que mantenemos en el país tiene que ver con la pobreza. Si bien hemos crecido y ha habido un importante avance de buena parte de la población, persiste lo que llamamos núcleos duros de pobreza en muchos hermanos nuestros”. 
Al ser consultado sobre la reciente despenalización del aborto en mujeres violadas, respondió que “cuando hablamos del embarazo, estamos hablando de dos vidas, no solo de una. Entonces, hay que cuidar la vida de los dos, de la mujer embarazada y de su niño en crecimiento”.
El obispo de Gualeguaychú formuló estas declaraciones al finalizar la presentación simultánea de sus dos libros, Por el camino de la justicia y de la solidaridad y Vamos por la vida, en la Sala de Representantes de la Manzana de las Luces, organizada por la editorial San Pablo y la Acción Católica Argentina, el pasado martes 27.
Además, Carlos Custer, ex embajador argentino en el Vaticano, Fernando Bravo, locutor, Araceli Bellota, periodista, Gerardo Perazzo, médico del Instituto de Bioética de la Facultad de Ciencias Médicas de la UCA, Emilio Inzaurraga, presidente de la Acción Católica Argentina y Aderico Dolzani, director editorial de San Pablo, integraron el panel que acompañó al autor frente a un auditorio completo de público.
Por el camino de la justicia y de la solidaridad.
Los libros de Mons. Lozano interrogan las problemáticas de la Argentina que se debaten hoy en los medios de comunicación y que se extienden fácilmente a la condición humana. El bicentenario de la patria es el contexto en que el autor reflexiona sobre el presente sin desconocer su vocación de pastor abocado a temas sociales.
 
Con un vocabulario sencillo y eficaz, propone al lector opciones para contrarrestar la pobreza, por ejemplo: en Por el camino de la justicia y de la solidaridad, explica que la pobreza es consecuencia de instituciones políticas “enfermas”.
 
“La injusticia que provoca la exclusión social es el resultado de instituciones débiles o enfermas. 
Así como una persona enferma no puede trabajar, correr, organizar bien su casa, algo semejante sucede con las instituciones de la democracia.”
 
“Necesitamos de la independencia de los tres poderes del Estado de Derecho. 
Esto no implica que cada uno vaya por su lado; sino que con fortaleza, efectivamente, cada uno de esos poderes logre desarrollar su misión para el bien común y la justicia. 
A esto nos referimos cuando hablamos de calidad institucional. 
No basta con que existan instituciones. 
Ellas deben ser sanas para que la democracia que ellas forman gocen de buena salud; y nosotros, los ciudadanos, también.”
 
En Vamos por la vida, Mons. Lozano hace una defensa integral de la vida, incluso en aquellas circunstancias donde vivir se vuelve un problema como, por ejemplo, en la maternidad en  condiciones extrema de pobreza, en las adopciones, en la fertilización asistida, en la eutanasia, en el aborto y en el rol materno y paterno.
 
“Desde el momento de la concepción, estamos ante la presencia de un nuevo ser. 
Tiene su propio ADN, del papá y de la mamá. 
Esta diferenciación formará parte de su identidad genética única y original, que mantendrá durante toda su vida, y que conservan los restos mortales de todo ser humano. 
Esta nueva vida está unida al vientre materno, pero no es un órgano suyo. 
No es como su riñón o su apéndice. 
Goza de todo el potencial de desarrollo y las características humanas que poseerá a los tres meses del embarazo, a los nueve y al nacer.
Cuando el embarazo sucede en un hogar pobre, y la mujer es abandonada a su suerte, surgen dificultades adicionales: largas colas para conseguir turno con un médico especialista, pocos controles clínicos durante el embarazo, escasa asistencia alimentaria, a veces suplida por la solidaridad de los vecinos y el cariño de la familia.
Debemos celebrar con alegría el anuncio de ampliar la asistencia a la mujer embarazada, realizado por la señora Presidenta el 1 de marzo de 2011 en el parlamento.
En algunas ocasiones, con la noticia del embarazo, se termina el noviazgo o el supuesto amor sin condiciones. 
Una sociedad con tolerancia a criterios machistas suele disculpar del debate al varón, sea que incurra en el abandono, negación de responsabilidad, abuso o violación. 
La mujer también es dejada sola como si el embarazo fuera su problema.”
         VIGILIA PASCUAL.

7 de abril, 2012. 

(Romereports.com).

Con el Domingo de Resurrección termina la Semana Santa y comienza la fiesta más importante para los cristianos: la Pascua. 
40 días donde la Iglesia anuncia la resurrección de Jesús y recuerda que se apareció a sus discípulos. 
Termina con la fiesta de Pentecostés. 
En las iglesias católicas de todo el mundo se celebra una Misa a última hora del Sábado Santo, la llamada Vigilia Pascual. Comienza en penumbra con la bendición de un fuego y del Cirio Pascual como símbolo del triunfo de Jesús sobre la muerte.
Con la Pascua, en Misa se vuelve a rezar el Gloria y el Aleluya que dejaron de recitarse desde la Cuaresma.
Las tradiciones para festejar este tiempo son muy diversas: una procesión con la Virgen a primera hora del día, esconder dulces en los jardines para que los encuentren los niños o regalar huevos de Pascua.
Los domingos de Pascua Benedicto XVI no reza el Ángelus sino el Regina Coeli, una oración a la Virgen María en la que se recuerda la resurrección de su Hijo.

Dr. Juan Carlo Amatucci.

El Sábado Santo

es el tercer día del Triduo Pascual

6 de Abril, 2012. 

(Romereports.com). 

Durante esta jornada, la Iglesia recuerda el tiempo que pasó Cristo en el sepulcro, su descenso a los infiernos y espera  su Resurrección.
Este día no se celebra Misa y los altares están vacíos hasta la celebración de la Vigilia Pascual, que tiene lugar en la noche, en víspera del Domingo de Resurrección.
Esta vigilia empieza fuera de la iglesia. 

Se enciende un fuego que bendice el sacerdote. 
De él se prende la llama del cirio pascual, una gran vela que representa a Cristo Resucitado.
Ya dentro del templo, los fieles encienden pequeñas velas tomando el fuego del cirio pascual. 

Se leen siete lecturas y también se reza el Gloria, algo que no se hace durante toda la Cuaresma. 
Durante esta celebración se renuevan las promesas bautismales y algunos adultos reciben el sacramento del Bautismo.

Dr. Juan Carlo Amatucci.

    Benedicto XVI presidió

 la Misa Crismal del 


 Jueves Santo. 


6 de abril, 2012. 


Romereports.com 



Benedicto XVI presidió la Misa Crismal del Jueves Santo en la Plaza de San Pedro, participaron cardenales, obispos y unos 1.600 sacerdotes.
Durante la homilía el Papa responde a los sacerdotes que han desafiado a la Iglesia en Austria y han llamado a la desobediencia, también ha reflexionado sobre el papel del sacerdote en la sociedad.
En esta celebración los sacerdotes renuevan las promesas que hicieron en su ordenación y se bendicen los óleos que se usarán en los Sacramentos.

TEXTO COMPLETO DE LA HOMILÍA: 

Queridos hermanos y hermanas,
en esta Santa Misa, nuestra mente retorna hacia aquel momento en el que el Obispo, por la imposición de las manos y la oración, nos introdujo en el sacerdocio de Jesucristo, de forma que fuéramos «santificados en la verdad» (Jn 17,19), como Jesús había pedido al Padre para nosotros en la oración sacerdotal. 
Él mismo es la verdad. 
Nos ha consagrado, es decir, entregado para siempre a Dios, para que pudiéramos servir a los hombres partiendo de Dios y por él. 
Pero, 
¿somos consagrados también en la realidad de nuestra vida? 
¿Somos hombres que obran partiendo de Dios y en comunión con Jesucristo?  
Con esta pregunta, el Señor se pone ante nosotros y nosotros ante él: 
«¿Queréis uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con él, renunciando a vosotros mismos y reafirmando la promesa de cumplir los sagrados deberes que, por amor a Cristo, aceptasteis gozosos el día de vuestra ordenación para el servicio de la Iglesia?». 
Así interrogaré singularmente a cada uno de vosotros y también a mí mismo después de la homilía. 
Con esto se expresan sobre todo dos cosas: se requiere un vínculo interior, más aún, una configuración con Cristo y, con ello, la necesidad de una superación de nosotros mismos, una renuncia a aquello que es solamente nuestro, a la tan invocada autorrealización. Se pide que nosotros, que yo, no reclame mi vida para mí mismo, sino que la ponga a disposición de otro, de Cristo. 
Que no me pregunte: ¿Qué gano yo?, sino más bien: ¿Qué puedo dar yo por él y también por los demás? 
O, todavía más concretamente: 
¿Cómo debe llevarse a cabo esta configuración con Cristo, que no domina, sino que sirve; que no recibe, sino que da?; 
¿cómo debe realizarse en la situación a menudo dramática de la Iglesia de hoy? 
Recientemente, un grupo de sacerdotes ha publicado en un país europeo una llamada a la desobediencia, aportando al mismo tiempo ejemplos concretos de cómo se puede expresar esta desobediencia, que debería ignorar incluso decisiones definitivas del Magisterio; 
por ejemplo, en la cuestión sobre la ordenación de las mujeres, sobre la que el beato Papa Juan Pablo II ha declarado de manera irrevocable que la Iglesia no ha recibido del Señor ninguna autoridad sobre esto. 
Pero la desobediencia, 
¿es un camino para renovar la Iglesia? 
Queremos creer a los autores de esta llamada cuando afirman que les mueve la solicitud por la Iglesia; su convencimiento de que se deba afrontar la lentitud de las instituciones con medios drásticos para abrir caminos nuevos, para volver a poner a la Iglesia a la altura de los tiempos. 
Pero la desobediencia, 
¿es verdaderamente un camino? 
¿Se puede ver en esto algo de la configuración con Cristo, que es el presupuesto de una auténtica renovación, o no es más bien sólo un afán desesperado de hacer algo, de trasformar la Iglesia según nuestros deseos y nuestras ideas?Pero no simplifiquemos demasiado el problema. 
¿Acaso Cristo no ha corregido las tradiciones humanas que amenazaban con sofocar la palabra y la voluntad de Dios? 
Sí, lo ha hecho para despertar nuevamente la obediencia a la verdadera voluntad de Dios, a su palabra siempre válida. 
A él le preocupaba precisamente la verdadera obediencia, frente al arbitrio del hombre. 
Y no lo olvidemos: Él era el Hijo, con la autoridad y la responsabilidad singular de desvelar la auténtica voluntad de Dios, para abrir de ese modo el camino de la Palabra de Dios al mundo de los gentiles. Y, en fin, ha concretizado su mandato con la propia obediencia y humildad hasta la cruz, haciendo así creíble su misión. No mi voluntad, sino la tuya: ésta es la palabra que revela al Hijo, su humildad y a la vez su divinidad, y nos indica el camino.

Dejémonos interrogar todavía una vez más. Con estas consideraciones, ¿acaso no se defiende de hecho el inmovilismo, el agarrotamiento de la tradición? No. Mirando a la historia de la época post-conciliar, se puede reconocer la dinámica de la verdadera renovación, que frecuentemente ha adquirido formas inesperadas en momentos llenos de vida y que hace casi tangible la inagotable vivacidad de la Iglesia, la presencia y la acción eficaz del Espíritu Santo. Y si miramos a las personas, por las cuales han brotado y brotan estos ríos frescos de vida, vemos también que, para una nueva fecundidad, es necesario estar llenos de la alegría de la fe, de la radicalidad de la obediencia, del dinamismo de la esperanza y de la fuerza del amor.
Queridos amigos, queda claro que la configuración con Cristo es el presupuesto y la base de toda renovación. Pero tal vez la figura de Cristo nos parece a veces demasiado elevada y demasiado grande como para atrevernos a adoptarla como criterio de medida para nosotros. 
El Señor lo sabe. 
Por eso nos ha proporcionado «traducciones» con niveles de grandeza más accesibles y más cercanos. Precisamente por esta razón, Pablo decía sin timidez a sus comunidades: Imitadme a mí, pero yo pertenezco a Cristo. 
Él era para sus fieles una «traducción» del estilo de vida de Cristo, que ellos podían ver y a la cual se podían asociar. 
Desde Pablo, y a lo largo de la historia, se nos han dado continuamente estas «traducciones» del camino de Jesús en figuras vivas de la historia. 
Nosotros, los sacerdotes, podemos pensar en una gran multitud de sacerdotes santos, que nos han precedido para indicarnos la senda: comenzando por Policarpo de Esmirna e Ignacio de Antioquia, pasando por grandes Pastores como Ambrosio, Agustín y Gregorio Magno, hasta Ignacio de Loyola, Carlos Borromeo, Juan María Vianney, hasta los sacerdotes mártires del s. XX y, por último, el Papa Juan Pablo II que, en la actividad y en el sufrimiento, ha sido un ejemplo para nosotros en la configuración con Cristo, como «don y misterio». 
Los santos nos indican cómo funciona la renovación y cómo podemos ponernos a su servicio. 
Y nos permiten comprender también que Dios no mira los grandes números ni los éxitos exteriores, sino que remite sus victorias al humilde signo del grano de mostaza.
Queridos amigos, quisiera mencionar brevemente todavía dos palabras clave de la renovación de las promesas sacerdotales, que deberían inducirnos a reflexionar en este momento de la Iglesia y de nuestra propia vida. 
Ante todo, el recuerdo de que somos – como dice Pablo – «administradores de los misterios de Dios» (1Co 4,1) y que nos corresponde el ministerio de la enseñanza (munus docendi), que es una parte de esa administración de los misterios de Dios, en los que él nos muestra su rostro y su corazón, para entregarse a nosotros. 
En el encuentro de los cardenales con ocasión del último consistorio, varios Pastores, basándose en su experiencia, han hablado de un analfabetismo religioso que se difunde en medio de nuestra sociedad tan inteligente. 
Los elementos fundamentales de la fe, que antes sabía cualquier niño, son cada vez menos conocidos. 
Pero para poder vivir y amar nuestra fe, para poder amar a Dios y llegar por tanto a ser capaces de escucharlo del modo justo, debemos saber qué es lo que Dios nos ha dicho; nuestra razón y nuestro corazón han de ser interpelados por su palabra. 
El Año de la Fe, el recuerdo de la apertura del Concilio Vaticano II hace 50 años, debe ser para nosotros una ocasión para anunciar el mensaje de la fe con un nuevo celo y con una nueva alegría. 
Naturalmente, este mensaje lo encontramos primaria y fundamentalmente en la Sagrada Escritura, que nunca leeremos y meditaremos suficientemente. 
Pero todos tenemos experiencia de que necesitamos ayuda para transmitirla rectamente en el presente, de manera que mueva verdaderamente nuestro corazón. Esta ayuda la encontramos en primer lugar en la palabra de la Iglesia docente: los textos del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica son los instrumentos esenciales que nos indican de modo auténtico lo que la Iglesia cree a partir de la Palabra de Dios. 
Y, naturalmente, también forma parte de ellos todo el tesoro de documentos que el Papa Juan Pablo II nos ha dejado y que todavía están lejos de ser aprovechados plenamente.
Todo anuncio nuestro debe confrontarse con la palabra de Jesucristo: 
«Mi doctrina no es mía» (Jn 7,16). 
No anunciamos teorías y opiniones privadas, sino la fe de la Iglesia, de la cual somos servidores. 
Pero esto, naturalmente, en modo alguno significa que yo no sostenga esta doctrina con todo mi ser y no esté firmemente anclado en ella. 
En este contexto, siempre me vienen a la mente aquellas palabras de san Agustín: 
¿Qué es tan mío como yo mismo? 
¿Qué es tan menos mío como yo mismo? 
No me pertenezco y llego a ser yo mismo precisamente por el hecho de que voy más allá de mí mismo y, mediante la superación de mí mismo, consigo insertarme en Cristo y en su cuerpo, que es la Iglesia. 
Si no nos anunciamos a nosotros mismos e interiormente hemos llegado a ser uno con aquél que nos ha llamado como mensajeros suyos, de manera que estamos modelados por la fe y la vivimos, entonces nuestra predicación será creíble. 
No hago publicidad de mí, sino que me doy a mí mismo. El Cura de Ars, lo sabemos, no era un docto, un intelectual. 
Pero con su anuncio llegaba al corazón de la gente, porque él mismo había sido tocado en su corazón.
La última palabra clave a la que quisiera aludir todavía se llama celo por las almas (animarum zelus). 
Es una expresión fuera de moda que ya casi no se usa hoy. 
En algunos ambientes, la palabra alma es considerada incluso un término prohibido, porque – se dice – expresaría un dualismo entre el cuerpo y el alma, dividiendo falsamente al hombre. 
Evidentemente, el hombre es una unidad, destinada a la eternidad en cuerpo y alma. 
Pero esto no puede significar que ya no tengamos alma, un principio constitutivo que garantiza la unidad del hombre en su vida y más allá de su muerte terrena. 
Y, como sacerdotes, nos preocupamos naturalmente por el hombre entero, también por sus necesidades físicas: de los hambrientos, los enfermos, los sin techo. 
Pero no sólo nos preocupamos de su cuerpo, sino también precisamente de las necesidades del alma del hombre: de las personas que sufren por la violación de un derecho o por un amor destruido; de las personas que se encuentran en la oscuridad respecto a la verdad; que sufren por la ausencia de verdad y de amor. 
Nos preocupamos por la salvación de los hombres en cuerpo y alma. 
Y, en cuanto sacerdotes de Jesucristo, lo hacemos con celo. 
Nadie debe tener nunca la sensación de que cumplimos concienzudamente nuestro horario de trabajo, pero que antes y después sólo nos pertenecemos a nosotros mismos. 
Un sacerdote no se pertenece jamás a sí mismo. 
Las personas han de percibir nuestro celo, mediante el cual damos un testimonio creíble del evangelio de Jesucristo. 
Pidamos al Señor que nos colme con la alegría de su mensaje, para que con gozoso celo podamos servir a su verdad y a su amor. 
Amén.

viernes, 6 de abril de 2012

Dr. Juan Carlo Amatucci.

Austin Ruse.
Presidente.
4 de abril de 2012.
Estimados Amigos:
Escribo para solicitar su ayuda a fin de identificar organizaciones no gubernamentales de América Latina y el Caribe a favor de la vida, y de la familia que puedan inscribirse para asistir a una reunión/congreso/sesión de capacitación muy importante en Roma, Italia (con todos los gastos cubiertos).
La reunión será el 13, 14 y 15 de septiembre de 2012. 
Está abierta a ONG explícitamente católicas o «inspiradas por el catolicismo».
Estamos buscando agrupaciones reales, con logros reales, influencias reales y grandes aspiraciones.
Estamos buscando agrupaciones que trabajen a nivel nacional en su país y que hayan trabajado a nivel internacional o que aspiren a hacerlo a nivel internacional.
La capacitación a la que usted asistirá en Roma estará dirigida por especialistas mundiales en derecho y políticas internacionales en relación con temáticas sobre la vida y la familia.
Entre sus compañeros de la sesión de capacitación estarán líderes de ONG de Europa, América del Norte y otros lugares.
Esta es una oportunidad sin precedentes para que usted aprenda más sobre estas cuestiones y para vincularse con agrupaciones afines de todo el mundo.
Para postularse, por favor, envíe una carta de solicitud a Stefano Gennarini: 
Stefano@c-fam.org
¡LA FECHA LÍMITE PARA ENVIAR LA SOLICITUD ES EL 20 DE ABRIL!
En su carta (escrita en inglés), por favor, indique:
 1) país, antigüedad y misión de su agrupación; 
2) tamaño de la agrupación (como quiera que usted desee definirlo); 
3) presupuesto anual de la agrupación (no se preocupe si es pequeño), 
4) en qué modo es católico o «inspirado por el catolicismo»; 
5) listado de logros; 
6) listado de líderes provida o profamilia reconocidos que puedan dar fe de usted y de sus afirmaciones.
Debe saber que las sesiones de capacitación y las reuniones son en inglés, de modo que usted debe tener un alto nivel de dominio de esa lengua.
Nosotros presentaremos hasta diez agrupaciones para que los organizadores consideren su aprobación. i resulta elegido, usted será notificado inmediatamente y C-FAM cubrirá todos los gastos para que asista.
Por último, deberá estar abierto a mantener una relación a largo plazo con las agrupaciones que conozca en Roma y estar dispuesto a asistir a reuniones posteriores.
Espero con ansia recibir noticias suyas y de su agrupación.
Saludos cordiales.
Austin Ruse
Presidente
Catholic Family and Human Rights Institute (C-FAM)
P.D.: Esto está abierto sólo a agrupaciones de América Latina y del Caribe.
P.P.D.: ¡LA FECHA LÍMITE PARA ENVIAR LA SOLICITUD ES EL 20 DE ABRIL DE 2012!