Buendianoticia 3.blogspot.com

martes, 18 de junio de 2013

              2013


     




Espiritualidad.

La buena nueva.
Monseñor Victor Manuel Fernandez.


El momento fantastico de la Ordenación.

Es sentír la Presencia Divina, 

Es la FE puesta como ofrenda, cada uno suma su Alma y la pone a disposición de Dios en el 
momento de sentir que es parte de la Ofrenda Mayor: Toda la vida.



Luego de la ordenación
nos dejo palabras, de esas que llegan al corazón.




Aunque estén cansados, permítanme compartir con ustedes algunos recuerdos.
A los que me aprecien, estos detalles pueden ayudarles a entenderme.
En primer lugar, quiero recordar a Alcira Gigena, el pueblo de Córdoba donde nací.
Aunque dicen “pueblo chico, infierno grande”, crecer en un pueblo de 5.000 habitantes es como crecer en una gran familia, en una gran casa donde todos nos
conocemos.
Y siempre pensé que es mejor estar expuesto a las diferencias y a los conflictos, que te incorporan, antes que a la indiferencia que te excluye.
En ese pueblo siempre me sentí querido, valorado y alentado a desarrollar mis capacidades.
Agradezco a mi familia el apoyo de siempre, y a mi madre de 87 años que tuvo que sufrir unas cuantas tormentas pero que siempre miró para adelante.

Mi familia sabe que desde muy chico tuve un genuino amor por Jesucristo.
Allí en Alcira estaba el cura que me bautizó y me educó en la fe.
El padre Staffolani, que luego fue obispo de Río Cuarto.
Siempre me impactó ver las ganas de ser cura que
tenía, el amor al pueblo, y una cosa muy significativa: cuando sabía que había alguien
enfermo se lo veía inquieto, no descansaba hasta que lograba visitarlo.
Porque no soportaba que alguien se muriera sin recibir el consuelo cristiano. Fíjense, se
obsesionaba por estar al lado de alguien que se iba a morir, y que humanamente
hablando no se lo iba a retribuir con nada.
Eso a mí me mostraba la nobleza del
sacerdocio.
Con 17 años entré al Seminario de Córdoba, siendo rector Mons. Ñáñez.
Yo era un adolescente pueblerino y despistado, llegaba asustado al Seminario.
Pero con cuánto cariño recuerdo la comunidad del Seminario que me fue modelando.
Recuerdo especialmente las clases y los consejos de Mons. Arancibia, y el acompañamiento sabio
y generoso de Mons. Rovai, que nos infundía tanto amor a la misión de la Iglesia y a la Eucaristía.
Después Mons. Arana me envió a Buenos Aires para que completara mi formación en la Facultad de Teología.
Allí me recibieron generosamente los Operarios diocesanos, que me regalaron toda su comprensión y su amistad, que siempre voy a agradecer.
En esa época, iba los fines de semana a ayudarle al padre Pablo Tissera.
Gran sacerdote, generoso hasta el sacrificio, que era mi director espiritual.
Su casa era realmente la casa de los pobres.
Yo acompañaba a sus jóvenes a visitar un barrio muy pobre en Grand Bourg, y allí aprendí lo que es el sufrimiento y la sabiduría de los pobres.
Luego, cuando me ordenaron diácono, fui a verlo a Mons. Buffano para ofrecer ayuda en San Justo. Recuerdo que Buffano me besó la frente y me dijo: “¡Cuánto te agradezco!”.
Claro, tenía parroquias de más de 100.000 habitantes con un solo cura.
Empecé a ir a la parroquia de Rafael Castillo.
Una vez más, cuánto me enseñaron los
pobres en esos barrios: con su paciencia, sus cansancios, su inmensa fe.
¡Cuánto aprendí a quererlos!
Tiempo después de estudiar un tiempo en Roma, volví a Río Cuarto como formador del Seminario, y luego de un intervalo como párroco fui nuevamente formador.
¡Qué lindo seminario!
Una comunidad sacerdotal con un objetivo común, y una familia.
De aquellos formadores uno es el actual obispo de Quilmes, el amigo Cacho Tissera que estuvo siempre a mi lado.
¡Si me pongo a contar todo lo que compartimos!
 Allí estaba también el querido Padre Filipuzzi, a quien uno se podía quedar horas escuchándolo y aprendiendo.
Rezamos por él en esta Misa.
Mi Obispo quiso darme un regalo y me nombró párroco en un barrio de Río Cuarto, por siete años.
En ese momento se creó la parroquia Santa Teresita, que tanto amé.
¡Cómo nos divertíamos en la parroquia!
Peleábamos también, pero cuánta vida y qué
fiesta espiritual y pastoral.
No hablo de jarana, porque había trabajo, fuerza misionera, oración y muchas ganas de formarse.
 Les digo a los seminaristas: no hay nada más
lindo que ser párroco, más que rector, quizás más que arzobispo.
Esto fue hasta el año 2.000.
Reconozco que en estos 13 años la cultura de la
participación y el compromiso ha decaído, es más difícil.
Pero los desafíos están para superarlos.
Quiero agradecer con mucho afecto y alegría a los curas del Presbiterio de la diócesis de Río Cuarto.
No sólo porque siempre me sentí valorado, apoyado y sostenido por todos, sino por esa fraternidad donde  quizás nos criticamos, pero igual nos juntamos, nos acompañamos, nos escuchamos, no nos abandonamos unos a otros.
Yo es pero
poder vivir lo mismo en este colegio que es la Conferencia Episcopal Argentina. Creo
en ese lazo espiritual del episcopado que ahora nos une, y agradezco inmensamente
que lo hayan hecho visible con su presencia en esta ordenación. Por don de Dios un
nuevo hermano ha nacido hoy para ustedes.
Mientras era párroco en Río Cuarto, viajaba semanalmente a dar clases a nuestra
querida Facultad de Teología. Agradezco el apoyo y la comprensión de los colegas que
también me acompañan hoy. Especialmente los años en que aprendí mucho de la
sabiduría de Carlos Galli, acompañándolo como vice decano. En la Misa recordamos a
algunos de ellos que ya nos dejaron.
 Con mucho cariño quise pedir por algunos
maestros como el recordado Padre Lucio Gera, el Padre Rafael Tello que me enseñó tantas cosas
en los últimos años de su vida, y el obispo Carmelo Giaquinta.
También debo dar gracias al Clero de Buenos Aires, del cual, siendo yo un extraño,recibí muchos gestos de fraternidad.
En estos últimos años me tocó llegar, un poco accidentado, al rectorado de la
Universidad Católica.
Yo soy catequista de alma, de manera que me preocupa que los alumnos reciban el anuncio del Evangelio y una formación cristiana que les ayude a
vivir.
Pero también amo una teología que dialogue con las ciencias y la cultura dando luz a una hermosa síntesis.
En estas dos tareas todavía hay muchas deudas pendientes,y es un largo camino.
Seguí los consejos del anterior arzobispo de Buenos Aires, y me preocupé por acercar más la UCA al mundo de los pobres, de manera que el contacto con ellos nos ayude a ver mejor la realidad y no seamos sólo intelectuales de escritorio.
En esto hemos crecido, y también crecimos en el encuentro y el diálogo con la sociedad y la cultura.
Pero no quiero dejar de valorar la tarea más escondida de los investigadores, que persisten
en la búsqueda de la verdad a veces con resultados poco visibles, y quizás con la incomprensión de los demás.
Yo mismo he escrito algunos artículos que me
robaron mucho tiempo y que nadie lee, pero reconozco la oculta belleza de esa
búsqueda que también da gloria a Dios.
Agradezco a los vicerrectores que me acompañan con su amistad y su trabajo intenso y generoso,
y a todos los que se empeñan cada día con un amor genuino por la Universidad, que es un bien de la Iglesia de Jesucristo.
En la contratapa del libro que les entregaron hoy tienen mi logo episcopal.
Allí está el origen y sentido último de todo.
El círculo naranja representa al Padre Dios, que es la fuente última, el Principio sin principio.
Sobre ese fondo aparece la cruz de Cristo, mi
querido Señor, amigo y redentor.
Encima de la cruz, el Espíritu Santo, que llenó la vida y el Corazón de Jesús y lo impulsaba a la misión. Desde allí tiene sentido el báculo, que
es el ministerio de los pastores, metido, como dice el lema “en medio de tu pueblo”,
en el corazón del pueblo de Dios y no arriba o a un costado.
La Virgen María, que es madre, está también allí, donde debe estar, en medio de su pueblo.
Y en medio de ese pueblo también está un comprovinciano mío que es un amigo y un modelo, el querido cura Brochero.
Reconozco mis miserias y mis límites, pido perdón a todos los que pueda haber ofendido o a los que esperaban más de mí.
Pero el pueblo de Dios me educó a lo largo
de todos estos años, el pueblo de Dios me preparó más que los libros.
Aunque a los cincuenta años podría decir que recién ahora me sentiría mínimamente preparado para ser cura y ahora me toca ser obispo.
Pero quiero sinceramente ser cada vez más fiel a Dios y confío intensamente en lo que le dijo Jesucristo a San Pablo:
“Te basta mi gracia, porque mi fuerza se manifiesta  perfectamente en tu fragilidad”.
O, como escuchamos hoy:
“Sé en quien he puesto mi confianza”.
Entonces, no sé qué será de mí, pero tengo la certeza de que, por la gracia de Dios, aun
a través de los fracasos, cruces y humillaciones, Dios sacará algo bueno de mí para su pueblo.
Me gusta el Evangelio, me gusta la Iglesia madre, me gusta nuestro pueblo argentino,
me gusta esta misión que es una inmensa posibilidad de hacer el bien, así que no me
queda más que agradecer a Dios.
Para terminar, quiero tener presente a una persona que nos está acompañando
espiritualmente, el querido Papa Francisco.
Ante la insistencia de un amigo mío que quería que yo fuera obispo, le dije una vez que
si eventualmente me ofrecían ser obispo yo no lo iba a aceptar.
“Tomame la palabra”,le dije.
Ahora me da vergüenza.
 Pero en aquel momento yo no contaba con que quien me lo iba a pedir sería este Papa, que conoce bien mis pocas capacidades y también mis defectos.
Que yo sea obispo tiene que ver con su misericordia y su audacia.
El otro día el Santo Padre me llamó para decirme que estaba rezando por mí, y me contó que tenía otra cruz pectoral igual a la suya.
Entonces me dijo:
 “No te hagas hacer una ”.
“¿Para qué quiero yo dos cruces si con una me alcanza? “
“Así que si no te parece mal te mando una a vos”.
Es esta que llevo puesta.
Gracias de corazón a todos ustedes por acompañarme en este hermoso momento, y como dice el Papa: 
“por favor, recen por mí”.

lunes, 17 de junio de 2013


              2013

Espiritualidad.

Los caminos de Dios . . .

Hoy compartiremos una ceremonia muy especial con Monseñor Fernandez, a partir de las 10,30 horas, pero antes de la emoción y regocijo, veamos esta imagen que nos dice más que mil palabras.

Quien puede negar la prescencia del Espiritu.

La mansedumbre de la paloma.
 
y la  paloma en sus manos, como en su nido.

Anticipo, premonición, misterio o milagro, es solo cuestión de fé . . .  Y la fé solo anida en el alma de cada uno.
Yo creo en el signo, y me preparo para compartir un acto increible de la fé, como es la carne y el pan en la misa.
El resto me pertenece, y no lo puedo compartir, no conozco las palabras que me permitan relatar lo que siento.
El Director.

viernes, 14 de junio de 2013

               2013

Espiritualidad.

Ordenación  

Episcopal de

Monseñor 

Víctor 

Manuel

Fernández. 

Sábado 15 de junio, 10.30 hs.

El consagrante principal será 


Monseñor Mario Poli, 


Arzobispo de Buenos Aires.


El próximo sábado 15 de junio a las 10.30 en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires se llevará a cabo la ordenación episcopal de monseñor Víctor Manuel Fernández, Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA). El consagrante principal será monseñor Mario Poli, arzobispo de Buenos Aires y Gran Canciller de la UCA. En tanto, los co-consagrantes serán el arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo; el arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik OFM Cap; el obispo de Villa de la Concepción del Río Cuarto, monseñor Eduardo Eliseo Martin y el obispo de Quilmes, monseñor Carlos José Tissera. Víctor Fernández, de 50 años, fue nombrado por el Papa Francisco arzobispo titular de Tiburnia el pasado 13 de mayo. Es el primer presbítero argentino que alcanza la plenitud del orden sagrado de manos del Papa Francisco. Víctor Manuel Fernández. Datos biográficos Nació en Alcira Gigena, provincia de Córdoba, el 18 de julio de 1962 y fue ordenado sacerdote en su pueblo natal, diócesis de Villa de la Concepción del Río Cuarto, el 15 de agosto de 1986. Es licenciado en Teología con especialización bíblica por la Pontificia Universidad Gregoriana, de Roma, en 1988, y doctor en Teología por la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires (UCA) en 1990. Fue primero vicedecano durante dos períodos y luego, desde agosto de 2008 hasta diciembre de 2009, decano de la Facultad de Teología de la UCA. Desde 2002 hasta 2008 fue director de la revista Teología de esa facultad. El 15 de diciembre de 2009 asumió a cargo del Rectorado de la UCA y el 20 de mayo de 2011 prestó juramento como rector, cargo que seguirá desempeñando como arzobispo. De 1993 a 2000 fue párroco de Santa Teresita del Niño Jesús en la ciudad sede de la diócesis de Villa de la Concepción del Río Cuarto, donde además se desempeñó como director de Catequesis y asesor de diversos movimientos laicales. De 2007 a 2009 fue presidente de la Sociedad Argentina de Teología. Entre otras actividades fue fundador y rector del Instituto Diocesano de Formación Laical de Río Cuarto; productor y locutor de programas radiales; formador y director de estudios del seminario diocesano Jesús Buen Pastor; perito del Secretariado para la Formación Permanente, de la Conferencia Episcopal Argentina; miembro del equipo de reflexión que asesoró al episcopado argentino para la actualización de las Líneas Pastorales; y perito y miembro de la Comisión de redacción de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida (Brasil, 2007). En diversos centros de Buenos Aires y de Córdoba fue profesor de Ética, Hermenéutica, Antropología, Método Exegético, Nuevo Testamento, Homilética, Gracia y Teología Espiritual, además de seminarios para Licenciatura. Ha dictado numerosos cursos y conferencias en la Argentina y en otros países. Entre libros, subsidios y artículos científicos, cuenta con más de 300 publicaciones en la Argentina y en varios países de América Latina y Europa. Algunos de sus libros son: "Actividad, espiritualidad y descanso", San Pablo, Madrid 2001; "La gracia y la vida entera", Herder, Barcelona 2003; "Teología espiritual encarnada. Profundidad espiritual en acción", San Pablo, Buenos Aires 2004; "Valores argentinos o un país insulso. Hacia el Bicentenario", Bouquet, Buenos Aires 2006; "Cómo interpretar y cómo comunicar la Palabra de Dios", San Pablo, Buenos Aires 2009; "Conversión pastoral y nuevas estructuras", Ágape, Buenos Aires 2010; "La fuerza sanadora de la mística", San Pablo, Buenos Aires 2012. 

sábado, 25 de mayo de 2013

            2013




Espiritualidad.

Dones y  frutos del Espíritu Santo



Colaboración .

Juan CarloAmatucci.

Médico. Periodista.
Nota 1.
Vivimos rodeados 
de regalos de Dios. 
Fue sobretodo en el momento de nuestro Bautismo cuando nuestro Padre Dios nos llenó de bienes incontables. Junto con la gracia, Dios adornó nuestra alma con las virtudes sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo nos inspira (Mateo 10, 19 ss; Juan 3, 8), nos enseña (Juan 14, 26), nos guía (Juan 16, 13), nos consuela (Juan 14, 16), nos santifica (Romanos 15, 16), nos vivifica (Romanos 8, 11). Por eso nuestro Señor Jesús lo llama “otro Paráclito” (Juan 14, 16), palabra griega que significa literalmente “aquél que es invocado” y, por lo tanto, abogado, mediador, defensor, consolador.
        El abogado defensor es aquel que, poniéndose de parte de los que son culpables debido a sus pecados, los defiende del castigo merecido, los salva del peligro de perder la vida y la salvación eterna. 
Esto es lo que ha realizado Cristo, y el Espíritu Santo es llamado “otro paráclito” porque continúa haciendo operante la redención con la que Cristo nos ha librado del pecado y de la muerte eterna.
           El Espíritu Santo, a través de sus dones, va conformando nuestra vida según las maneras y modos propios de un hijo de Dios que se guía ahora por el querer de Dios, Su Voluntad, y no por nuestros gustos y caprichos.
            Hoy le pedimos al Paráclito, nuestro Divino Santificador, que doblegue lo que es rígido en nosotros, particularmente la rigidez de la soberbia, que caliente en nosotros lo que es frío, la tibieza en el trato con Dios; que enderece lo extraviado.
        La Iglesia nos invita de muchas maneras a preparar nuestra alma a la acción del Espíritu Santo. 
          En el Catecismo nos da la relación de estos maravillosos dones:


El don de inteligencia nos descubre con mayor claridad las riquezas de la fe.

El don de ciencia nos lleva a juzgar con rectitud de las cosas creadas y a mantener nuestro corazón en Dios y en lo creado en la medida que nos lleve a Él.


El don de sabiduría nos hace comprender la maravilla insondable de Dios y nos impulsa a buscarle sobre todas las cosas y en medio de nuestro trabajo y nuestras obligaciones.

El don de consejo nos señala los caminos de la santidad, el querer de Dios en nuestra vida diaria, nos anima a seguir la solución que más concuerda con la gloria de Dios y el bien de los demás.

El don de piedad nos mueve a tratar a Dios con la confianza con la que un hijo trata a su Padre.
      
El don de fortaleza nos alienta continuamente
y  nos ayuda a superar las dificultades que sin duda encontramos en nuestro caminar hacia Dios.

El temor nos induce a huir de las ocasiones de pecar, a no ceder a la tentación, a evitar todo mal que pueda contristar al Espíritu Santo, a temer radicalmente separarnos de Aquél a quien amamos y constituye nuestra razón de ser y vivir.

Contrarias al Espíritu son las obras de la carne: “fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes... quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios” (Gálatas 5, 19-21).
Nota 2.
La sabiduría.
La sabiduría educa a sus hijos y cuida de los que la buscan.
El que la ama, ama la vida; los que parten de mañana en su búsqueda serán colmados de alegría.
El que la posee alcanzará al fin la gloria; 

el Señor le dará su bendición.
Los que la sirven se hacen los ministros del Santo, 
los que la aman son amados del Señor.
El que la escucha tendrá un juicio acertado, 
el que le obedece estará seguro.
El que confía en ella la heredará, 
y sus descendientes disfrutarán de ella.
Al principio lo llevará por caminos ásperos, le provocará miedos y sustos; 
lo agotará con su disciplina hasta el momento en que pueda contar con él; multiplicará sus exigencias para ponerlo a prueba.
Pero luego lo llevará por caminos planos, le procurará la alegría y le revelará sus secretos.
Pero si se ha extraviado, lo abandonará y dejará que se
 pierda.

Nota 3.

Ser Testigos Valientes del Evangelio.‏

Papa Francisco ha dedicado la catequesis de la audiencia general de los miércoles al Espíritu Santo 
“sin el cual -ha dicho el Papa- la Iglesia no podría vivir  . . .y realizar la misión que Jesús nos ha confiado de ir y hacer discípulos de todas las naciones. Esta misión no es sólo de algunos, sino la mía, la tuya, la nuestra. 
          Todos deben ser evangelizadores, sobre todo con la propia vida. Para ello es necesario abrirse sin temor a la acción del Espíritu Santo. 
         En Pentecostés, el Espíritu Santo hizo salir de sí mismos a los Apóstoles y los transformó en anunciadores de las grandezas de Dios, que cada uno entendía en su propia lengua. Este es un primer efecto importante de la acción del Espíritu Santo, la unidad, la comunión".
     "La confusión de las lenguas, como en Babel, queda superada, porque ahora reina la apertura a Dios y a los demás, y lleva al anuncio de la Palabra de Dios con un lenguaje que todos entienden, el del amor que el Espíritu derrama en los corazones". "¿Yo qué hago en mi vida?, -ha dicho el Papa dirigiéndose a los presentes- ¿creo unidad al rededor de mi o divido, con la charla, la crítica, la envidia?. ¿Qué debo hacer?. Pensemos en esto".
"Un segundo efecto del Espírito Santo -ha continuado el Papa- es la valentía que infunde de anunciar la novedad del Evangelio con franqueza (parresía), en voz alta y en todo tiempo y lugar. Y esto, bien apoyado en la oración, sin la cual toda acción queda vacía y el anunciar carece de alma, pues no está animado por el Espíritu..."Evangelizar, anunciar Jesús, nos da alegría; en cambio el egoísmo nos da amargura, tristeza, nos deprime; evangelizar nos alegra".
El Papa ha destacado la nueva evangelización como tercer efecto importante. "Una Iglesia que evangeliza debe comenzar siempre desde la oración, pidiendo como los Apóstoles en el cenáculo, el fuego del Espíritu Santo. Sólo la relación fiel e intensa con Dios permite dejar de estar encerrado y anunciar con parresía el Evangelio".
Papa Francisco antes de concluir ha recordado las palabras de Benedicto XVI: “Hoy la Iglesia siente el viento del Espíritu Santo que nos ayuda, nos muestra el camino justo”.. "Renovemos cada día -ha dicho- la confianza en la acción del Espíritu Santo, dejémonos guiar por Él, seamos hombres y mujeres de oración, que dan testimonio del Evangelio con valentía, convirtiéndose en este mundo herramientas de unidad y comunión con Dios".
Al finalizar la catequesis, el Santo Padre ha saludado a los cerca de 50.000 peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro. En lengua inglesa, ha invitado a todos a rezar por las victimas, especialmente los niños, del desastre ocurrido en Oklahoma.
Por último el Papa,  recordando que el próximo 24 de mayo se celebra la fiesta litúrgica de la Bienaventurada Virgen María, Auxilio de los Cristianos, que es venerada con gran devoción en el santuario de Sheshan en Shanghai, ha lanzado un llamamiento por China invitando a todos los católicos del mundo a "rezar para implorar de Dios la gracia de anunciar con humildad y alegría a Cristo muerto y resucitado, para ser fieles a su Iglesia y al Sucesor de Pedro y vivir cotidianamente al servicio de su país y de sus conciudadanos de forma coherente con la fe que profesan".
El Papa ha invocado con estas palabras a la Virgen: "Nuestra Señora de Sheshan, sostiene los esfuerzos de quienes en China, en medio de las fatigas cotidianas, continúan creyendo, esperando y amando para que no tengan miedo de hablar de Jesús al mundo y del mundo a Jesús".
"Que la Virgen fiel sostenga a los católicos chinos, haga preciosos sus difíciles compromisos a los ojos del Señor y haga crecer el afecto y la participación de la Iglesia china en el camino de la Iglesia universal".
Nota 4. 


Ser Testigos Valientes del Evangelio‏.‏



 Cristo ama la infancia que al principio él mismo asumió, tanto en su alma como en su cuerpo. 
                Cristo ama la infancia que enseña humildad, que es la norma de la inocencia, el modelo de la dulzura.
                Cristo ama la infancia, hacia la que orienta la conducta de los adultos, hacia la que conduce a los ancianos y llama a imitar su propio ejemplo a aquellos que deseen alcanzar el reino eterno.

 Pero para entender cómo es posible realizar tal conversión, y con qué transformación él nos revierte a una actitud de niños, dejemos que san Pablo nos instruya y nos lo diga: “Para aquel que tenga sentido común, no se debe ser un niño pequeño en cuanto a vuestros pensamientos, sino un niño pequeño en lo que respecta a la malicia” (1Corintios 14,20). Por lo tanto, no debemos volver a nuestros días de infancia, ni a las torpezas del inicio, sino tomar alguna cosa que pertenece a los años de madurez; es decir, apaciguar rápidamente las agitaciones interiores, encontrar rápido la calma, olvidar totalmente las ofensas, ser completamente indiferente a los honores, amar y reencontrarse juntos, guardar la igualdad de ánimo como un estado natural. Es un gran bien no saber cómo dañar a otros y no tener gusto por el mal...; no devolver a nadie el mal por el mal (Pablo a los Romanos 12,17), es la paz interior de los niños, la que le conviene a los cristianos... Es esta forma de humildad la que nos enseña el Salvador cuando era niño y fue adorado por los magos.

domingo, 5 de mayo de 2013


           2013


Espiritualidad.

«Es como si los 

problemas en el 


Vaticano


fueran menores
que los que tenía 

en Argentina»

Por :

Dr. Juan Carlo Amatucci.

Anibal Gulias es uno de los treinta y cinco mil taxistas de Buenos Aires y tuvo la oportunidad de conocer y conversar en diversas ocasiones con el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, ahora Papa Francisco. De él recuerda que siempre luchó contra el hecho de que Argentina es una “fábrica de pobres”.
              En entrevista concedida a ACI Prensa, Anibal comenta que se siente “orgulloso, sí, pero más que orgulloso, feliz”, de ver como Papa al entonces Cardenal Bergoglio.
            “Noto que es un hombre capaz, inteligente, humilde y con muchas ganas de poder transformar la Iglesia y defender realmente a quien tiene que defender que son los pobres. Los ricos se pueden defender solos, los pobres no. Y él es la persona indicada para hacer ese trabajo”, dijo.
             Sobre cómo lo conoció, este taxista relata que sirvió en la pastoral social de la diócesis de Avellaneda-Lanús y que así pudo conversar en varias ocasiones con el cardenal: “Pude conocerlo como persona en un –como decimos nosotros– mano a mano, charlando como estamos charlando nosotros ahora y demostró siempre esa humildad que ahora vemos”.
             El Papa, prosiguió, “habla con cualquiera. No era extraño verlo pasar caminando con su maletín por acá. Vos lo veías caminando, tomando el colectivo y viajando en subte”.
             Para Gulias, el Papa Francisco “es una persona absolutamente normal con una capacidad intelectual muy elevada, una formación jesuita que para la Iglesia es un gran cambio y de una humildad y sencillez que tienen las personas realmente grandes”.
            Tras señalar que el Papa “es un gran hombre”, el taxista afirma que “Bergoglio creo que es una bendición para la Iglesia del mundo. Ahora se le ve mucho más feliz y distendido, sonriente”.
            “Es como si los problemas que tiene en el Vaticano fueran menores a los problemas que tenía en Argentina, que eran muchos por desgracia. No por la Iglesia, sino por la política del país que es una fábrica de pobres a la cual él siempre se opuso y luchó contra eso”.
             Don Anibal concluye señalando estar convencido de que el Papa Francisco “va a hacer un cambio si lo dejan. 
Va hacer un cambio importante, realmente importante en la Iglesia universal”.

lunes, 29 de abril de 2013


           2013




Espiritualidad.


Respuestas 
en la vida 
que viene .


Por :

Juan 
Carlo 
Amatucci.


Nota Nº1.


Creo que sólo encontraremos respuestas en la vida que viene tras la muerte. 


Juan Antonio Ruiz / ReL.

En el juicio final, la clave será el amor.

Cuando tienes dieciséis años, todo es sueño: la carrera, un futuro noviazgo, metas que conquistar, el futuro. Pero para Donal Walsh el sueño se transformó en pesadilla cuando le diagnosticaron un cáncer terminal que, de golpe y porrazo, desplomó toda aspiración de porvenir: «no tenía palabras para esta sentencia de muerte», dijo él. Y, no obstante, algo sucedió que transformó este drama en una historia de esperanza; algo que comenzó con una carta publicada por accidente en un periódico de Irlanda, su país natal.
     Nacido en Blennerville, Tralee (Irlanda), su batalla contra el cáncer comenzó hace cuatro años, con un tumor en la pierna, con tan sólo doce primaveras a sus espaldas. Pasó por quirófano y por quimioterapia, lleno de enojo y preguntas; mucho qué pensar y mucho tiempo a disposición.
            Cuando todo parecía solucionado, volvieron las noticias de mal agüero: otro tumor, pero ahora en un pulmón. 
Resignado, regresó al camino que había jurado nunca volver a recorrer. 
Pero era eso o morir. 
Optó por luchar de nuevo.
        Pero lo extraordinario de Donal no es sólo su fuerza de voluntad, sino el uso que ha hecho de su enfermedad. Viendo, por ejemplo, las condiciones del Our Lady’s Hospital en donde estaba internado, recaudó más de 50,000 euros para el hospital, organizando carreras de montaña, torneos de rugby, cenas y subastas. Se lanzó a la TV para que los políticos y la ONU destinasen más fondos a la lucha contra el cáncer. 
La enfermedad, en vez de debilitarle, parece que despertó a un león durmiente:
       Donal, 12 años, con dos jugadores de rugby de Kerry
«Llorar no me llevará a ningún lugar –dice resuelto–. 
      Lloré el primer día y me prometí que sería suficiente con eso. La vida me ha dado en bandeja de plata demasiadas excusas para que me traten bien el resto de mi vida, pero decidí que no voy a usarlas».
       El sostén de la fe
¿Y qué es lo que sostiene a este joven? 
La respuesta es rápida: su fe. 
      Porque aunque ha buscado y ha preguntado a toda la gente, no ha podido encontrar soluciones que le den tranquilidad aquí: 
«No estoy enojado o con un sentimiento de injusticia sobre todo esto que me está pasando. Creo que sólo encontraremos respuestas en la vida que viene tras la muerte. 
No temo la enfermedad o la muerte. 
Lo que me preocupa es pensar qué le pasará a mi familia después».
       Tal vez este pensamiento fue lo que propició que alguien publicara una carta del adolescente en un periódico local en la que contaba su lucha contra el cáncer y, de paso, algo que movió los cimientos de la conciencia de muchos: su lucha por erradicar de Irlanda la «epidémica plaga del suicidio» antes de morir.
       Con algunos familiares
Porque aunque su mundo se está derrumbando, Donal piensa en los demás. Y reconoce que no puede sino sentir enojo con los jóvenes que deciden quitarse la vida, «dejando un desastre a sus espaldas» para la familia. 
Sí, es consciente de situaciones financieras difíciles o de desesperación, 
pero ¿y lo que él está pasando es fácil?
     «Aquí estoy: luchando por mi vida por tercera vez en cuatro años y, en esta ocasión, sin esperanza de curación. No tengo opción e intento preparar a mi familia y amigos lo mejor posible para lo que vendrá, tratando de dejar el menor desastre posible».
        Por eso comenta, al pensar en los que se suicidan, «nunca habrá razones tan malas como para tomar la decisión del suicidio: si meditan en ello y buscan ayuda se puede encontrar una solución».
        Eso mismo dijo en una entrevista en el The Saturday Night Show, que tuvo mucho impacto. 
        Y cuando el entrevistador mencionó que tal vez Dios lo esté usando para lograr una buena causa, Donal respondió: «si puedo ser un símbolo para que los jóvenes aprecien más la vida, entonces feliz me lanzo adelante y lo hago con gusto».
        Y ya está siendo todo un ejemplo, como lo demuestra el premio que la Kerry’s Eye Radio le concedió como héroe local. La nominación a dicho galardón la hizo su profesor de instituto, Ruairi O’Rahilly, que en una entrevista desmiente el dicho popular irlandés que dice «nunca conozcas tus héroes». Así lo explica el profesor: «me siento honrado de decir que conozco a Donal y sé que hablo a nombre de todos en el colegio. 
        Él es desinteresado y encarna todos los atributos que tratamos de inculcar en nuestros chicos».
      Donal posando, hoy, para el diario Kerry´s Eye
Héroe o no, Donal sabe que su final llegará más pronto de lo normal. Y por eso sigue luchando, tenazmente, por esa meta que se propuso: arrancar el suicidio de la faz de la tierra.
     «Te lo dice un chico de dieciséis años que no tiene voz en su sentencia de muerte, que no tiene ninguna opción ante el dolor que causará y que arriesgaría cualquier oportunidad para pasar aunque sea unos meses en esta tierra: por favor, aprecia lo que tienes, date cuenta de que siempre habrán opciones y de que la ayuda está siempre a tu lado».
* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * 






Nota Nº 2 .
En el juicio final, la clave será el amor.



Ciudad del Vaticano, 24 abril 2013 (VIS).-El Papa Francisco ha dedicado la catequesis de la audiencia general de los miércoles a tres textos del Evangelio que ayudan a entrar en el misterio de una de las verdades que se profesan en el Credo: que Jesús "de nuevo vendrá con gloria para juzgar a los vivos y a los muertos”. Los tres textos son; la parábola de las diez vírgenes, la de los talentos y el juicio final. Todos forman parte del discurso de Jesús sobre el final de los tiempos en el Evangelio de San Mateo.
Ante más de 75.000 personas que abarrotaban la Plaza de San Pedro, el Santo Padre ha hablado del “tiempo inmediato”, entre la primera venida de Jesús y la última: es el tiempo en que vivimos y en él se coloca la parábola de las diez vírgenes que esperan al Esposo, pero como tarda en llegar se duermen. Cinco de ellas, sabias, tienen aceite para encender sus lámparas cuando el Esposo llega de improviso; las otras, las necias, no lo tienen y mientras lo buscan, ya ha comenzado la fiesta nupcial y la puerta para entrar al banquete está cerrada para ellas. “El Esposo es el Señor, y el tiempo de espera de su llegada es el que nos otorga, con misericordia y paciencia, antes de su venida final: un tiempo de vigilancia, en que debemos mantener encendidas las luces de la fe, de la esperanza y la caridad; en que mantener nuestros corazones abiertos a la bondad, la belleza y la verdad; tiempo de vivir de acuerdo a Dios porque no sabemos ni el día ni la hora del regreso de Cristo. Lo que se pide de nosotros es estar preparados para el encuentro, lo que significa ser capaces de ver los signos de su presencia, de mantener viva la fe, con la oración, los sacramentos, de estar atentos para no dormirnos ni olvidarnos de Dios. La vida de los cristianos que se duermen es una vida triste, no es una vida feliz. El cristiano tiene que ser feliz, sentir la alegría de Jesús”.
La segunda parábola de los talentos “nos hace reflexionar sobre la relación entre cómo usamos los dones recibidos de Dios y su regreso, cuando nos preguntará cómo los hemos utilizado... Esto nos dice que la espera de la venida del Señor es el momento de la acción, de aprovechar los dones de Dios, no para nosotros mismos, sino para El, para la Iglesia, para otros; el tiempo en que buscar siempre que crezca el bien en el mundo. Y sobre todo ahora, en este tiempo de crisis, es importante no encerrarse en sí mismos, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales... hay que abrirse, ser solidarios, preocuparse por los demás. En la Plaza, hoy hay muchos jóvenes A vosotros que estáis en el comienzo del viaje de la vida, os pregunto: ¿Habéis pensado en los talentos que Dios os ha dado? ¿Habéis pensado en cómo ponerlos al servicio de los demás? No enterréis los talentos ¡Apostad por los grandes ideales... que agrandan el corazón, los ideales de servicio que hará fructíferos vuestros talentos!. No se nos da la vida para que la conservamos celosamente para nosotros mismos: se nos da para entregarla. Queridos jóvenes, ¡Tened un ánimo grande. No tengáis miedo de soñar cosas grandes!”.
El Santo Padre ha abordado después el relato del juicio final que narra la segunda venida del Señor, cuando juzgará a todos los seres humanos vivos y muertos. A su derecha estarán los que han actuado de acuerdo a la voluntad de Dios, ayudando al hambriento, al sediento, al extranjero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado; siguiendo así al Señor mismo. “He dicho extranjero ¿cuántos extranjeros hay en la diócesis de Roma? Y ¿que hacemos por ellos?”, se ha preguntado el Papa.
En la narración, a la izquierda del Señor están los que no han socorrido al prójimo. “Esto nos dice que seremos juzgados por Dios en la caridad, según cómo lo hemos amado en los hermanos, especialmente en los más débiles y necesitados. Por supuesto, siempre hay que tener en cuenta que estamos justificados, estamos salvados por la gracia, por un acto gratuito de amor de Dios, que siempre nos precede; nosotros solos no podemos hacer nada. La fe es ante todo un don que hemos recibido. Pero para dar fruto, la gracia de Dios siempre requiere nuestra apertura a Él, nuestra respuesta libre y concreta. Cristo viene a darnos la misericordia de Dios que salva. A nosotros se nos pide que confiemos en él, para responder al don de su amor con una vida buena, hecha de acciones animadas por la fe y el amor.
“No temamos nunca el juicio final - ha concluido el Pontífice- al contrario, nos debe empujar a vivir mejor el presente. Dios nos ofrece con misericordia y paciencia este tiempo para que aprendamos cada día a reconocerlo en los pobres y los pequeños, para que nos comprometamos con el bien y estemos vigilantes en la oración y el amor. Y que el Señor, al final de nuestra existencia y de la historia, nos reconozca como siervos buenos y fieles”.