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sábado, 16 de febrero de 2013

2013


Espiritualidad.


Sabías... 

que nos recibimos? 

de.




¡ MALCRIADORAS

       PROFESIONALES !



 POR SER, . . ABUELAS.


Colaboración:

Noemí


Nora


Garcia

19/01/2013 | 





De abuela a abuela te mando un 

abrazo!!


Autor:
  
Enrique Orschanski (Médico)

Los abuelos no sólo cuidan; son el tronco de la familia extendida, aportan algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e identidad. 
Enrique Orschanski.

En los últimos 50 años, nuestro estilo de vida familiar cambió drasticamente como consecuencia de un nuevo sistema de producción. La inclusión de la mujer en el circuito laboral llevó a que ambos padres se ausenten del hogar por largos períodos, creando como consecuencia el llamado “síndrome de la casa vacía”.
El nuevo paradigma implicó que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas al hogar o en instituciones. 
Esta tercerización de la crianza se extendió y naturalizó en muchos hogares.

Algunos afortunados todavía pueden contar con sus abuelos para cubrir muchas tareas: la protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las consultas médicas. Estos privilegiados chicos tienen padres de padres, y lo celebran eligiendo todos los apelativos posibles: abu, abuela/o nona/o bobe, zeide, tata, yaya/o opi, oma, baba, abue, lala, babi, memé pepé, o por su nombre, cuando la coquetería lo exige.

Los abuelos no sólo cuidan, son el tronco de la familia extendida, la que aporta algo que los padres no siempre vislumbran: pertenencia e identidad, factores indispensables en los nuevos brotes.

La mayoría de los abuelos siente adoración por sus nietos. Es fácil ver que las fotos de los hijos van siendo reemplazadas por las de estos. 
Con esta señal, los padres descubren dos verdades: que no están solos en la tarea, y que han entrado en su madurez.

El abuelazgo constituye una forma contundente de comprender el paso del tiempo, de aceptar la edad y la esperable vejez.
Lejos de apenarse, sienten al mismo tiempo otra certeza que supera a las anteriores: los nietos significan que es posible la inmortalidad. Porque al ampliar la familia, ellos prolongan los rasgos, los gestos: extienden la vida. 
La batalla contra la finitud no está perdida, se ilusionan.
Los abuelos miran diferente. 
Como suelen no ver bien, usan los ojos para otras cosas. 
Para opinar, por ejemplo. 
O para recordar.
Como siempre están pensando en algo, se les humedece la mirada; 
a veces tienen miedo de no poder decir todo lo que quieren.
La mayoría tiene las manos suaves y las mueven con cuidado. 
Aprendieron que un abrazo enseña más que toda una biblioteca.
Los abuelos tienen el tiempo que se les perdió a los padres; de alguna manera pudieron recuperarlo. 
Leen libros sin apuro o cuentan historias de cuando ellos eran chicos. 
Con cada palabra, las raíces se hacen más profundas; la identidad, más probable.

Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día. 

Son incomparables cómplices de secretos. 
Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de sus actos. 

Consideran, con autoridad, que la memoria es la capacidad de olvidar algunas cosas. 

Por eso no recuerdan que las mismas gracias de sus nietos las hicieron sus hijos. 

Pero entonces, no las veían, de tan preocupados que estaban por educarlos. 

Algunos todavía saben jugar a cosas que no se enchufan.

Son personas expertas en disolver angustias cuando, por una discusión de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba. 

La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada. 
Los abuelos huelen siempre a abuelo. 

No es por el perfume que usan, ellos son así. ¿O no recordamos su aroma para siempre?

Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad. 

Los que los tienen lejos, deberían procurarse uno (siempre hay buena gente disponible).

 
Finalmente, y para que sepan los 

descreídos: los abuelos nunca 

mueren, sólo se hacen invisibles.


jueves, 7 de febrero de 2013

2013


Tú puedes...

Salva Vidas, junto a ALMA‏.
Hola,


Desde hace 6 años en ALMA - 
Asociación Leucemia Mieloide de Argentina asistimos a pacientes con Leucemia Mieloide Crónica.
   - Contención Emocional.
      - Apoyo Psicológico.
      - Asesoramiento Legal.
      - Educación al Paciente y su Familia.
      - Acceso a los tratamientos.
Son algunas de las áreas donde trabajamos.

Desde que comenzamos las actividades:
      - Realizamos 44 talleres de educación para pacientes y familiares dictados en nuestra sede en Buenos Aires.
      - Llevamos a cabo 30 reuniones para pacientes y familiares en diferentes ciudades del país, buscando formar grupos de pacientes ALMA.
      - Tuvimos una asistencia total de más de 1500 personas a todas las reuniones.
      - 26 profesionales entre onco-hematólogos, abogados, psico -oncólogos y nutricionistas dieron charlas para los pacientes.
      - Asistimos a más de 200 pacientes que tenían problemas con el acceso a la medicación, dando una solución a sus problemas.

Todo esto lo hacemos de forma gratuita, sin ningún costo para los pacientes y sus familias.

Te convocamos a que nos ayudes a seguir creciendo y  llegar cada vez a mas pacientes que necesiten nuestros servicios.

Realiza una donación para colaborar con 

las actividades de ALMA!!!




Titular : ALMA Asoc Leucemia de Argentina
Cuenta Corriente en $ Nº 0703-244301
HSBC Sucursal Tribunales
CBU Nº 1500020600007032443014
         



ALMA
Asociación Leucemia Mieloide Argentina
Av. de Mayo Nº 1161 4º 8 C.A.B.A.
4382-0783
info@asociacionalma.org.ar


sábado, 5 de enero de 2013


2013

Espiritualidad.
Balance de 
fin de año.


Autor: 

Ivana Fischer.
Colaboración:
Dr. J.C.Amatucci.



¿Qué significa el 

cierre de un año?... 
Repaso de lo que quedó atrás, de deudas pendientes, alegrías, tristezas; balance, en definitiva... Eso nos provoca, generalmente, sinsabor, porque, a menudo, somos demasiado exigentes con nosotros mismos, y “no nos cierran las cuentas”.
Si nos planteamos que un nuevo año es una nueva oportunidad de volver a comenzar, con nuevos ímpetus, un nuevo ciclo, será provechoso. Pero más importante será si encaramos esa renovación interna diariamente; no debemos esperar a terminar una etapa para hacernos un replanteo. Cada despertar es una nueva oportunidad que nos da la vida para volver a empezar, para decidirnos a ser mejores. Esto que suena a frase hecha no lo es, en la medida en que encaremos nuestra vida con optimismo y compromiso.

Primero tenemos que aprender a disfrutar cada día y el momento presente. Recordar que en Navidad celebramos el nacimiento de Cristo y, por eso, rescatamo valores cristianos, tales como la generosidad, la humildad, la honestidad, la lealtad, las buenas relaciones con los demás.

Llega fin de año, y vemos que la gente anda apurada, ocurren accidentes, se crea una necesidad de visitar y ser visitados, se producen excesos… Los cambios bruscos en cualquier caso, si no son premeditados minuciosamente, no llevan siempre a resultados buenos. Todo lo contrario, la mayoría de las veces, traen consecuencias inesperadas.

Es conveniente meditar bien cuál es el camino que estamos desandando, cuáles son nuestras metas, limitaciones, fuerzas y, a partir de allí, plantearnos qué queremos conseguir, pero no “para mañana”.

¿Cuántas veces nos hemos propuesto “voy a comenzar esto” y luego, mientras avanzamos, las dificultades van apareciendo, los contratiempos nos ganan de mano, e, incluso, hasta pensamos cambiar de objetivo? Si se lo analiza, se verá que casi siempre sucede esto. Entonces, ¿no será que lo normal es que surjan imprevistos, y no que todo debe salir como uno lo pergeña? Adaptarse antes que contraponerse es lo que hace la diferencia para alcanzar la meta. No se olvida lo que se quiere, simplemente, se cambia el modo de obtenerlo.

Este fin de año se toma como tiempo de evaluación, para muchos, como todos los años lo hacen, tal vez sea tiempo también de cambiar el cuestionario. De disponerse a ser menos exigente con uno mismo.

viernes, 28 de diciembre de 2012


Un minuto 
para Pensar.


Espiritualidad.



CUENTA 

TUS 
BENDICIONES.



Publicó :


Natalia Walker.

Si te has despertado hoy con mas salud que enfermedad, estás más bendito que el millón que no va a sobrevivir esta semana.
Si nunca has conocido los peligros de la guerra, la soledad de la prisión, la agonía de la tortura, los dolores del hambre, estás delante de 500 millones de personas en el mundo.
Si podes ir a la iglesia o al templo sin estar perseguido, arrestado, tortu...rado o asesinado… estás más bendito que 3 millones de personas en este planeta.
Si tenés comida en tu nevera, llevás ropa limpia, si tenés un techo encima de tu cabeza y un lugar seguro donde dormir, estás más rico que los 75 del resto.
... Si tenés dinero en el banco, en tu cartera, y unas monedas en una jarra en tu casa, eres parte del 8% de la población que prospera en el mundo entero.
Si llevás una sonrisa en tu cara, y estás agradecido por todo, estás bendito, porque la mayoría de la gente lo puede hacer, pero no lo hace.
Si podés tomar la mano de alguien, abrazarlo o solamente tocar su hombro, estás bendito porque puedes ofrecer el toque divino que cura.
Si podés leer este mensaje has recibido una doble bendición, ya que primero no has pensado en vos, y segundo, tienes más suerte que 2 millones de personas que no saben leer.

Es mi deseo que vivas unas verdaderas, auténticas y felices fiestas!!!

lunes, 17 de diciembre de 2012



Espiritualidad.


LOS NIÑOS POR NACER ,
Y EL VIENTRE MATERNO .

Por Diana Duvivier.

Con el Nacimiento de Jesucristo se nos ofrece el alivio permanente que traen las buenas noticias de la misericordia de Dios y el cumplimiento de la promesa de la gracia.


En la Natividad de nuestro Señor Jesucristo se da la revelación plena del Nuevo Pacto y la acción  salvífica  de Dios, quien perfecciona su poder en la debilidad.  En Su Encarnación se pueden resolver las más profundas problemáticas inherentes a la existencia misma y a la práctica cotidiana, las cuales movilizan intensamente nuestros afectos: el nacimiento, el renacimiento espiritual, los no nacidos, el sufrimiento del justo, la incredulidad y la fe, la vida y la muerte y, en definitiva, el sentido de las cosas y los acontecimientos, la trascendencia y la libre voluntad de Dios.
 Sin embargo, con el arribo de la Navidad frecuentemente aparecen distintos estímulos y cuestiones asociadas que provocan perturbación e inestabilidad. 
En suma, se percibe una hipersensibilidad característica como respuesta a un tiempo de agobio propio del fin de año y de sus consabidos balance y proyección, ocasión para visualizar con más nitidez las ausencias y pérdidas, más allá de los logros y los dones de Dios recibidos. Y más todavía si esto se combina con escenarios nacionales  e internacionales de grandes tensiones sociales y políticas, ahora potenciados por las comunicaciones globales, los que parecen abonar los atrevidos e insolentes cuestionamientos a la justicia y bondad divinas.

El nacimiento bendito de Jesucristo, el hecho de que Dios se hizo humano, además de ser totalmente distinto a todos los demás, contrasta con los planteos desesperados y desgarradores del profeta Jeremías cuando, en su aflicción, maldecía el día en que había nacido y en un ataque de amor a sí mismo se quejaba de que aquel vientre embarazado de su madre no se hubiera convertido en su sepulcro. 
Al modo del patriarca Job, olvidando que no se puede contender con el Omnipotente, le reprochaba al Altísimo no haberlo matado allí. 
“¿Para qué salí del vientre?”(Jer. 20:14-18). 
“Está mi alma hastiada de mi vida… 
¿Por qué me sacaste de la matriz?”(Job 10:1,18). También nosotros a veces, en nuestra debilidad, ante la gracia oculta de Dios y frente a lo casi insoportable de la vida, nos parecemos a ellos y a aquellos reprobados “consoladores molestos” del Job sufriente. Con insensatez, presunción e impaciencia erramos por no buscar y adherirnos a la Palabra de Dios y al Admirable Consejero que sabe, puede y quiere consolar y dar sosiego y paz a las conciencias, desechando la incompetencia e incomprensión de las filosofías humanas. Es que, como enseña el profeta Isaías:”Así dice el Señor, Hacedor tuyo y el que te formó desde el vientre, el cual te ayudará: 
No temas…Dios ha consolado a su pueblo y de sus pobres tendrá misericordia”…
Aunque nos sintamos tentados a decir:
”Me dejó Dios y el Señor se olvidó de mí. 
¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? 
Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti…en las palmas de las manos te tengo esculpida, delante de mí estás siempre” (Is. 44:2; 49:13-16). 
Dios no miente y envió a su Hijo para nosotros. 
Y al hacerse uno con nosotros, también nos ha dado una misión específica y un sentido claro a nuestra existencia. Dijo el Señor:”Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad” (Jn. 18:37) y lo sigue haciendo cada día con y a través nuestro, con su Iglesia dispersa alrededor del mundo.
 Hay un vínculo secreto en la maternidad, aún en el caso lamentable de aquella que, como el avestruz, “se endurece para con sus hijos como si no fuesen suyos” (Job 39:16) o, paradójicamente, piensa que son de su exclusiva propiedad y puede disponer de ellos a su antojo. Porque el peso del útero, las estrías, la fatiga, los dolores y las várices no son las únicas marcas que deja el embarazo; la ruptura de bolsa o membranas, el trabajo de parto y la experiencia del Equipo Médico y del Centro Asistencial no es lo único que cuenta para el mantenimiento de la salud física y mental, ni tampoco quien estaba oculto puede permanecer siempre olvidado. Porque un hijo es una “herencia de Dios y cosa de estima el fruto del vientre” (Sal.127:3); es un regalo divino que el huevo fertilizado anide y se prenda a los tejidos para recibir vida a través de la sangre materna que le permite sobrevivir hasta que salga o sea transpuesto. Todo por el amor y el compromiso de una mujer que está dispuesta a poner su cuerpo y sus desvelos en servicio de quien necesita casi todo, aportándole la contención, el sustento y el abrigo indispensables a ese “otro”, que le permite ser “yo” y “nosotros”. Aquella que respetuosamente permitió transformarse en matriz generadora, acequia viva, tierra productiva, usina energética…
Aquella que, dejando de lado una actitud egoísta, abandónica y torturadora, prefirió ser  nido  y no cárcel, azote, cepo o tumba de su criatura, así como ella recibió mediante otra y desde sus entrañas la aurora de la vida que ahora puede desplegar. “¿Qué tienes que nos hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1ª Co. 4:7).

Por el impacto y la relevancia del tema y para no herir aún más al dolido, ni confundir al verdadero sufriente, para no olvidar a la totalidad de las víctimas, ni dejar impunes a los victimarios, a fin de no recibir la condena divina que con motivo de no haber dicho la verdad acerca del Altísimo se aplicó a los pretendidos amigos de Job en el desenlace asombroso de la historia narrada en el Epílogo del inspirado Libro Sapiencial, resulta  oportuno hacer referencia a un esperanzador escrito del Dr. Martín Lutero del año 1542: “Ein Trost den Weibern, welchen es ungerade gegangen ist mit Kindergebâren” (Consuelo para las mujeres que han perdido a su bebé o cuando el nacimiento no terminó bien). 
Allí se refiere a la natalidad y a aquella unión íntima con el hijo cuando las complicaciones ponen en peligro la gestación, buscando dar una atención integral y abordando el shock emocional y el trauma afectivo que sobreviene cuando el embarazo no llega a su destino.

En su obra, Lutero distingue claramente entre dos tipos de circunstancias. No dirige su consuelo hacia aquellas mujeres que llevan el “Fruto” (con mayúscula), de mala gana o están embarazadas a disgusto, quienes en forma intencionada descuidan o hasta llegan al extremo, en su malicia, de estrangular y asesinar al hijo. Sino que se esmera en mitigar la falta de consideración, impertinencia y brutalidad aún en el uso de las expresiones y términos, para no causar más aflicción, ni sobresalto, ni espanto a aquellas madres quienes, no por su culpa, ni por su dejadez o indiferencia, han sufrido un nacimiento prematuro o aborto espontáneo o su bebé nació muerto o murió al nacer. A éstas y a sus allegados los reconforta, invitándolos a confiar en que la voluntad de Dios es siempre mejor que la nuestra, aún cuando parezca mostrarse contraria a nosotros, según nuestro limitado punto de vista humano y a afrontar esta prueba como una oportunidad para perfeccionar la paciencia. Tiernamente aconseja confiar en que Dios atiende el clamor sincero y el profundo deseo de haber traído a su niño para ser bautizado, como una oración efectiva que el Señor escucha por tratarse de una intercesión de un creyente, alguien muy especial, santificado por la sangre de Cristo y el Espíritu de Dios, quien “nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro. 8:26). El Señor nos ha oído, aún cuando por la pena o por el desconcierto no podamos expresarnos con palabras y ha hecho mejor de lo que podríamos pedir o esperar, porque “es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”, como dice San Pablo (Ef. 3:20). Resalta aquella maravillosa y contundente promesa de Jesús, que supera nuestra imaginación y que nos mantiene en esperanza:”al que cree todo le es posible” (Mr. 9:23), relacionándola con la singularidad de esos niños, sujetos de los anhelos y la fe de Cristianos verdaderos, que gozan del favor y aprecio de Dios. Y concluyentemente el Reformador nos recuerda el grandioso recurso propuesto por la Divinidad y que tantas veces hemos comprobado:”Invócame en el día de la angustia. Te libraré y tú me honrarás” (Sal. 50:15). Esta consolación para los creyentes puede ser aplicada también a cualquier otro problema que nos aflija.

A esta altura, resulta imprescindible considerar que el Altísimo es quien da viabilidad y vida, así como también fuerzas para seguir esperando en Dios, quien tiene siempre la última palabra. Recientemente lo hemos visto en el caso de Luz Milagros, de Chaco, la beba que sobrevivió después de que su mamá, con el impulso de ver por última vez el rostro de su hija, desclavara el cajoncito cerrado que alojaba a la niña viva en el frío de una morgue; aquella que luego se mantuviera confiada, a pesar de los reiterados peores pronósticos que oficialmente se le daban y por quien, conmovidos, elevamos nuestras plegarias. Y después también hemos sabido por informaciones periodísticas que nació Santino en Pilar, a quien dieron por muerto, descartándolo en una envilecida chata de un Hospital, cuyos movimientos de vida descubiertos por su abuela, se negaran a admitir, por ser confundidos con meros reflejos inanimados. El Señor, una vez más, está poniendo en medio de nosotros a los niños. 
Son inadmisibles el maltrato y los daños superlativos que pueda recibir una criaturita con prematurez extrema o con complicaciones de cualquier otra índole, hayan o no adquirido notoriedad. Y qué decir de los abortos deseados y embarazos rechazados por desaprensión, desidia, resentimiento, egoísmo, codicia, intereses económicos o ideologías, causantes de tanto dolor y huellas imborrables que no se pueden extirpar. No podemos atribuirnos la determinación de subestimar la viabilidad y mucho menos, de cercenar las chances de sobrevida de aquel “fruto”  a quien deberíamos proteger y brindarle las mejores condiciones de vida que esté a nuestro alcance ofrecer, quien no debe ser cruelmente considerado inoportuno, ni molesto, ni tampoco culpable. Además de los afectos naturales, que hasta los animales en su mayoría demuestran, una mujer Cristiana recibe a su niño con un amor más profundo, pensando en su alma y no sólo en su cuerpo. Todos tenemos algún grado de responsabilidad de acuerdo a nuestro rol y función, de manera que en nuestra comunidad, de lo que de nosotros dependa, no se cause daño a nadie y menos si resulta irreparable.

Que sirvan estas palabras para acompañar a una reflexión Cristiana que, más allá de las evaluaciones de la Obstetricia, la Neonatología, las Tecnologías de Reproducción Asistida y otras especialidades o disciplinas y a pesar de la imperfección e injusticia de las leyes humanas, se aferre a la Palabra de Dios y nos ayude a asumir el compromiso de la comunidad, de la familia, de la pareja y, en especial, de la mujer, el amor de madre y el apoyo al débil, con fe en el evangelio que es la promesa de la gracia de Dios en Cristo, confiando en el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida perdurable. 
Amén.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Con toda la Fé ...


APORTE
PARA LA VIDA



TE REGALO UN LINDO 

APORTE PARA LA VIDA, 

CARIÑOS .




EXPLICACIÓN SOBRE LA MUERTE...  





La más hermosa explicación que he leído. 







Un hombre enfermo se preparaba para salir del consultorio del médico que le estaba examinando y dijo:
"Doctor, me asusta la muerte... 
- dígame qué hay al otro lado"
Muy suavemente el doctor dijo: 
- "No lo sé." - Usted no sabe? 
- Usted es cristiano y no sabe qué hay del
  otro lado?!!! 
El Doctor tomó la perilla de la puerta..... 
Del otro lado se sentían como rasguños y gemidos y cuando se abrió la puerta, un perro entró en el cuarto, saltó sobre el médico y con gran alborozo le lamía lleno de contento.

El médico se volvió hacia su paciente y dijo: 


-"Vió lo que hizo mi perro? 
- Él nunca había estado en este cuarto antes. 
  No sabía qué había adentro. Sólo sabía que su dueño estaba allí y cuando se abrió la puerta, saltó sin ningún temor" .
- "Yo poco sé de lo que hay del otro lado de la
   muerte... - pero sí se una cosa:

- "Que mi Dueño estará allí,   y eso me basta!!!
 



jueves, 8 de noviembre de 2012

Espiritualidad.


EL HOMBRE ES UN BUSCADOR 


DEL ABSOLUTO.



Fuente :  VISnews 
Colaboración :
Dr. J.C.Amatucci .

Ciudad del Vaticano,
 7 noviembre 2012 (VIS).- 
En la audiencia general de los miércoles Benedicto XVI, continuando la catequesis sobre la fe católica, se centró hoy en "un aspecto fascinante de la experiencia humana y cristiana: el hombre lleva en sí un misterioso deseo de Dios".Esta afirmación, dijo el Papa, "puede parecer una provocación en el ámbito de la cultura occidental secularizada. Muchos nuestros contemporáneos podrían objetar que no sienten en ningún modo este deseo de Dios. Para amplios sectores de la sociedad, El ya no es el esperado, el deseado, sino más bien una realidad que deja indiferentes, ante la cual ni siquiera hay que hacer el esfuerzo de pronunciarse".
"En realidad, lo que hemos definido como 'deseo de Dios' no ha desaparecido totalmente, y se asoma todavía hoy, en muchos modos, al corazón del hombre. El deseo humano tiende siempre a determinados bienes concretos, que frecuentemente no son nada espirituales, y sin embargo se sitúa ante la pregunta sobre qué cosa es verdaderamente 'el' bien, y por tanto, se tiene que confrontar con algo que es otro de sí, que el hombre no puede construir, pero que es llamado a reconocer", afirmó el Santo Padre, que se preguntó: "¿qué es lo que puede verdaderamente saciar el deseo del hombre?"
"En mi primera Enciclica  Deus caritas est, he intentado analizar cómo este dinamismo se realiza en la experiencia del amor humano, experiencia que en nuestra época es más fácilmente percibida como momento de éxtasis, de salida de sí, como lugar en el que el hombre advierte que lo atraviesa un deseo que lo supera. A través del amor, el hombre y la mujer experimentan de un modo nuevo, el uno gracias al otro, la grandeza y la belleza de la vida y de lo real. Si esto que experimento no es una simple ilusión, si verdaderamente quiero el bien del otro como también vía al mio bien, entonces tengo que estar dispuesto a des-centrarme, a ponerme a su servicio, hasta la renuncia a mi mismo. La respuesta a la pregunta sobre el sentido de la experiencia del amor pasa pues a través de la purificación y la curación del querer, exigida por el bien mismo que se quiere para el otro".

Hay que, prosiguió Benedicto XVI, "ejercitarse, entrenarse, corregirse, para que ese bien pueda verdaderamente ser querido", pero ni siquiera la persona amada "es capaz de saciar el dese que vive en el corazón del hombre, es más, cuanto más autentico es el amor hacia el otro, tanto en mayor grado este deja abierto el interrogante sobre su origen y su destino, sobre la posibilidad que tiene de durar para siempre".

"También se podrían hacer consideraciones análogas a propósito de otras experiencias humanas, como la amistad, la experiencia de la belleza, el amor por el conocimiento. Todo buen experimentado por el hombre se extiende hacia el misterio que envuelve al mismo hombre; todo deseo que se asoma al corazón humano se hace eco de un deseo fundamental que no se sacia nunca plenamente".

Por esto, dijo el pontífice, "el hombre conoce bien lo que no lo sacia, pero no puede imaginar o definir lo que le haría experimentar aquella felicidad cuya nostalgia lleva en en el corazón. No se puede conocer a Dios solo a través de del deseo del hombre. Desde este punto de vista el misterio resta: el hombre es un buscador del Absoluto, un buscador que camina con pasos breves e inciertos".

También en nuestra época, aparentemente tan refractaria a la dimensión trascendente, "es posible abrir un camino hacia el auténtico sentido religioso de la vida, que muestra cómo el don d ella fe no es absurdo, no es irracional", afirmo Benedicto XVI que propuso "una pedagogía del deseo (…) que comprende al menos dos aspectos: en primer lugar, aprender o re-aprender el gusto por las auténticas alegrías de la vida. No todas las satisfacciones producen en nosotros el mismo efecto: algunas dejan una traza positiva, son capaces de pacificar el ánimo, nos hacen más activos y generosos. Otras, en cambio, después d ella luz inicial parecen decepcionar las expectativas que habían suscitado y pueden dejar detrás de sí amargura, insatisfacción o un sentido de vacío".

El segundo aspecto de la pedagogía del deseo es "no contentarse nunca de lo que se ha ya alcanzado. Precisamente porque las alegrías verdaderas son capaces de liberar en nosotros la sana inquietud que lleva a ser más exigentes -querer un bien más alto, más profundo- y a la vez, sentir siempre con mayor claridad que nada finito puede colmar nuestro corazón. Aprenderemos a tender, desarmados, hacia el bien que no podemos construir o conseguir con nuestras fuerzas, a no dejarnos desanimar por el cansancio o los obstáculos que vienen de nuestro pecado".

Por último el Santo Padre dijo que "el dinamismo del deseo está siempre abierto a la redención. También cuando este se adentra por caminos desviados, cuando persigue paraísos artificiales y parece perder la capacidad de anhelar el verdadero bien. También en el abismo del pecado no se apaga en el hombre aquella chispa que le permite reconocer el verdadero bien, saborearlo, y empezar así un recorrido de ascensión en el que Dios, con el don de su gracia, no le hace faltar nunca su ayuda."

"No se trata de sofocar el deseo que está en el corazón del hombre, sino de liberarlo, para que pueda alcanzar su verdadera altura. Cuando en el deseo se abre la ventana hacia Dios, esto es ya una señal de la presencia de la fe en el ánimo, fe que es una gracia de Dios", concluyó Benedicto XVI.